Al decir esto, me miró muy seria, muy atenta, y después se quedó callada.
—¿Y por qué no lo ha hecho?—le pregunté por fin.
—¡Eh! ¡por qué! por qué... Porque los que querían conchabarse no me convenían... y como no puedo pagar más que quince pesos al mes... Por ese sueldo hoy no se acomodan nada más que los que no sirven, aunque se les dé la casa y la comida...
Yo, entonces, medio serio, medio riéndome, le dije:
—¿Y yo también soy de los que no sirven?
—¡Oh!, ¡usted no!—me contestó mirándome á los ojos.
—¿Y entonces? ¿no le dijo mi amigo el repartidor?...
—Sí, son cosas que se dicen, y después...
—Pues mire, señora, lo que es yo, trabajaría con usted, no digo por esa plata... hasta por mucho menos... Estoy cansado de andar rodando... Lo que tiene, que no traigo recomendaciones... ni tengo en el Pago más conocido que el repartidor...