VI

Me levanté al alba, agarré una escoba y me puse á barrer la ramada y el corredor de la casa, porque misia Carolina todavía estaba durmiendo encerrada adentro.

De repente se me apareció, me quitó la escoba de las manos, como si estuviese muy enojada, y me dijo:

—¡No quiero que haga eso! Más bien entre al negocio; arrégleme las bebidas y después... ¿Sabe escribir?

—¡Cómo no, señora! y tengo bastante linda letra.

—Bueno, me alegro. Entonces, me va á poner en limpio la libreta de cuentas.

—¡Perfectamente, señora: yo haré todo lo que me mande! Pero tampoco me incomoda lo de barrer, así es que si usted quiere, puedo hacer las tres cosas, porque las mañanas son muy largas todavía.

—¡No, no! Vaya al negocio nomás; yo le iré á ayudar en seguida.

¿Eh? ¿qué tal? ¿qué me dicen? Me parece que los primeros golpes estaban bien dados, ¿eh?