—¡Yo t'enseñar!—le gritó Barraba sacudiendo la mano en el aire, apenas le vió encerrado.

Y allí pasó la noche Viera echando por esa boca cuanto terno figura en el vocabulario de Pago Chico, que es uno de los completos en la materia.

Al día siguiente La Pampa salió «tremenda.»

Informados á tiempo los amigos, primero por Tortorano, que lo había visto todo, pero que no se animó á terciar, luego por Troncoso, que protestaba contra el atropello de su domicilio, después por Silvestre, el boticario, que nada había visto, pero que todo lo sabía y aun agregaba detalles de su cosecha, y en seguida por Pago Chico entero, que se arremolinó cuchicheando en el club, en los cafés, en la plaza, hasta en el baile de Gancedo, y que hacía silencio apenas asomaba un oficialista—informados á tiempo, repetimos, se encargaron de dar la nota del día en el periódico, hicieron parar la máquina, aflojaron las formas y añadieron un primer editorial cortito, pero sabroso, que se atribuyó generalmente á la bien cortada pluma del Dr. Don Francisco de Pérez y Cueto, que aunque español, era muy patriota y un liberal hasta allí.

—No podemos renunciar al placer de exhibir ese documento histórico, ya que está al alcance de la mano:

«La infamia entronizada en este desgraciado pueblo de Pago Chico, por culpa de un gobernador de la provincia de Buenos Aires que no merece más que el desprecio, y que cometen cuantas tropelías harían poner rojo de vergüenza á cualquier hombre con ciertos ápices de dignidad, ha llegado hasta un extremo que no puede concebirse en un país libre donde todo el pueblo y los ciudadanos además quieren la libertad de las instituciones.

«La prensa, que es el cuarto poder del estado, y que es una institución simultáneamente y al mismo tiempo, no se ve libre de las asechanzas de esos malvados que roban y esquilman al pueblo á mansalva y sin que haya quien les castigue, porque tienen el poder en la mano, y no contentos con eso echan mano de la fuerza bruta para hacer callar la protesta indignada de un pueblo que sufre sus desmanes y sus depredaciones.

«Como ven que la valiente propaganda de este diario no se detiene ni tergiversa, han llegado en su infamia y su traición hasta asaltar en plena vía pública á nuestro valiente y noble director, y no satisfechos con ese brutal é incalificable atentado, le han sumergido luego en un estrecho é inmundo calabozo infecto, casi desnudo, después de arrancarlo de su casa donde se estaba mudando ropa para ir al baile de lo de Gancedo, y no sin antes haber violado su domicilio como violaron el de la casa del señor Troncoso para buscarlo los emponchados que con el intendente á la cabeza trataban de darle una paliza de la que el intendente fué el que salió mal parado.

«Y entre tanto nuestro director está preso inicuamente.