¡Como rapresentant' de la Fráns, yo levant' mi vas, pog brindag en esta fiest, paga las diñas otoridades y diño pueblo de Pago Shic!
«Señogues:
«¡Viv' la Fráns!
«¡Viv' la Republic' Aryantín!»
Brindaron en términos análogos Grandinetti, agente consular italiano, y Sánchez Gómez, vice-cónsul español, el uno con pronunciado acento zeneize, el otro muy pulido, sin más pero que alguna confusión de g con j y o con u, sabroso condimento regional de sus entusiastas palabras.
Susurrábase que allá en los comienzos de su carrera oratoria, nombrado maestro de primeras letras, pronunció al hacerse cargo de la escuela, un memorable discurso:
«Venju—dicen que dijo—á tratar del retrocesu de Paju Chicu, este pueblo que antes fué jobernadu por los indius y que hoy sije en manus de la misma familia.»
Pero esto debía ser calumnia levantada por los envidiosos de sus altas prendas ciceronianas, y lo hace sospechar así la insistencia con que Silvestre propalaba la especie, alterando según las circunstancias el texto del discurso. Quizá no sea aventurado considerarlo apócrifo.
Las autoridades no hablaron, porque entre ellas no había lenguaraz alguno, así es que se dió por terminada esa parte de la función, la concurrencia salió de la Municipalidad, y cada cual tomó el rumbo que más le convino: éstos á sus casas, aquéllos á los volatines, los de más allá á la corrida de sortija, y los pilluelos al rompecabezas y el palo jabonado con premios.
Aquel día fué como un compás de espera en la turbulencia pagochiquense, un día de fraternidad no muy efusiva, pero siquiera respetuosa y confundible con una comunión en un solo sentimiento...