—¡Calláte! ¡Y entonces, en invierno, ¿por qué no pitan?
—Sí, pitan... ¡Pero tienen frío y s'encierran en las casas á pitar al lau del jogón!...
—¡Vaya un cigarro! ¡Si no quema el juego!...
—¡Los dijuntos son fríos! ¡Estaría güeno que tuvieran juego caliente! ¿Quema el otro, acaso, el de las ánimas en pena?...
Hubo una pausa.
Entre amedrentado y risueño, don Braulio agregó en seguida:
—¡Lindo no más! ¿Entonces, los dijuntos se entretienen?
—¡Y qué han di hacer!... ¡Tienen tanto tiempo desocupau! Ellos quisieran hacer lo mesmo que cuand'eran vivos, y correr, y boliar, y enlazar... Pero á veces no pueden porque tienen los güesos en la tierra... Pero saben venirse, p'a un si acaso... ¡Vamos á ver! ¿Á que ninguno dice por qué sabe hacer tanto frío p'al veinticinco'e mayo y p'al nueve de julio?
—No mi hago cargo,—murmuró don Marto.