—Yo no sé—confesó otro.
—No caigo en cuenta,—declaró don Braulio.
Pancho, triunfante, explicó:
—Porque p'a las fiestas se vienen tuitos los que peliaron por la patria, sin que falten ni los mesmos muertos en los Andes, que son unas montañas altas así, ¡de purito yelo!... Y como son tantos... Por eso, en cuantito tocan l'Hino Nacional, es un frío que da calor y que le corre á uno por el lomo.
—¡Ah, balaquiador lindo!—gritó don Marto, no sin admiración reprimida.
Y luego; con cierto matiz respetuoso, alentador como un premio en labios de tal paisano, agregó:
—Y, diga, don... ¿qué se hace l'ánima de las mozas, cuando se mueren todavía tiernecitas?
La réplica inmediata de Pancho:
—¡Qué viejo, este don Marto!... ¿Y no ha visto, un si acaso, los macachines, como di oro, florecer qu'es un gusto por el campo, y todos con una frutita enterrada, igualita á un corazón, y como azúcar...