—Pero, decíme, ¿La suscrición te alcanza para sacarte completamente del pantano, ó no?
—Es una ayuda muy grande.
—Eso ya sí. ¿Pero ahora te ves ya completamente libre de compromisos?
—Por el momento sí.
—¡Ah, por el momento, bien decía yo! ¿Unos cuantos meses, no es verda? Porque si el diario no se sostiene, ni menos da ganancias, en cuanto se gasten esos nales volvés á enterrarte hasta el encuentro en el tembladeral, ¿no?
—Desgraciadamente.
—Natural. ¡Lo que necesitás es muchos suscritores, muchos avisos, para pagar á todo el mundo y vivir sin arretrancas!; ó, de no, mucha plata para que el diario no se vaya al bombo en algunos años, y venga más población y entonces se pueda sostener.—Porque supongo que, aunque los nuestros suban no sos de los que se han de prender á la ubre...
—Tenés razón, tenés razón en todo Silvestre...
—Bueno... entonces, esperá... dejáme á mí... Yo sé lo que hago, y has de ver cómo todo viene como anillo al dedo. Tengo una combinación... Ya verás ya verás...
Y se levantó en actitud de marcharse.