—No, señor... yo... yo soy preso.

Una carcajada del inspector acabó de asustar al pobre hombre, que temblaba de pies á cabeza.

—¿Y no hay ningún gendarme en la comisaría?

—Sí se... señor... Está Petronilo... que lo tra... lo traí de la esquina bo... borracho, ¡sí se... señor!... Está durmiendo en la cuadra.

Una hora después D. Benito se esforzaba en vano por dar explicaciones de su conducta al inspector, que no las aceptaba de ninguna manera. Pero afirman las malas lenguas, que cuando no se limitó á dar simples explicaciones, todo quedó arreglado satisfactoriamente; y lo probaría el hecho de que su sistema no sufrió modificación, y de que el preso-portero y protector de agentes descarriados, siguió largos meses desempeñando sus funciones caritativas y gratuitas.

NOTAS:

[1] Ver «El casamiento de Laucha».

EL CAUDILLO

Don Ignacio era el hombre de la oposición en Pago Chico. Las autoridades lo miraban como su bestia negra, y el pueblo, siempre descontento, tenía puestas en él sus esperanzas, seguíalo en todas sus empresas políticas, le daba á defender sus intereses. Sin D. Ignacio, Pago Chico hubiera sido un cementerio de vivos; con él, siquiera se ejercía el derecho del pataleo.