El hombre se fué medianamente satisfecho, dando paso á otros pleitistas cuyo litigio era más complicado.

—Señor Juez, cuando yo hice la pared de mi casa que hoy es medianera con la que está edificando el señor, la Municipalidad me dió una línea sobre la calle, y como mi terreno es rectangular, tiré dos perpendiculares sobre esa línea. Pero ahora resulta que el agrimensor municipal no supo darme la línea y que la pared medianera, como ya digo, se entra en el fondo, en el terreno del señor, que me reclama las varas que le faltan. Yo, á mi vez, y antes de contestar á esa demanda, vengo á demandar á la Municipalidad por daños y perjuicios, porque me dió la línea causante de todo...

Don Pedro Machado, que lo miraba de hito en hito, interrumpióle de pronto interpelando á la parte contraria:

—¿Y usté qué dice?

—¿Yo? Lo mismo que el señor; es la verdad.

—Demandar á la Municipalidad, ¿no?... ¿Y qué sian créido?...

—Señor, yo... demando á...

—¡Calláte! ¡Y vayan los dos á ver si se arreglan, y pronto... que si no les atraco una multa!

La audiencia continuó largo rato con incidentes análogos á los anteriores, hasta que entró en el despacho un gubernista de cierta significación que iba furioso contra La Pampa, el diario opositor, salido aquellos días de toda mesura. El diario publicaba un violento artículo contra él, Felipe Gómez, y lo trataba poco menos que de ladrón.

—Hola, Gómez, ¿y qué lo trai por acá?