—¿Y cómo v'y á estar contento, si eso es una trampa? ¿Ó crén ustedes que yo soy sonso y me chupo el dedo?
—¿Pero, cómo trampa, Bermúdez? ¿No quería ser candidato?
—¡Sí, candidato, sí, pero en de veras! No quiero que naide juegue conmigo. Ya estoy cansao. Y ¿quiere que le diga? pues si no salgo municipal de esta hecha... ¡me voy con los cívicos! ¡Anque no sea candidato, quiero ser municipal ¿oye? y de no, me hago cívico, le juro!
Ferreiro se quedó un momento perplejo, pues no había contado con aquello, que le malbarataba sus planes. Pero, por la inminencia del peligro, no tardó en tomar una resolución, y antes de que Bermúdez hubiera vuelto á decir palabra, afirmó:
—Pero, si precisamente lo hemos puesto en esa lista para que salga municipal, porque está resuelto en el comité que se le den votos también en la otra lista. No sé qué le ha dado ahora, para tener semejantes desconfianzas... ¡Vaya! ¡sea franco! ¿quién es el intrigante que le ha venido con cuentos?
—Á mí naide me ha tráido cuentos. Pero yo sé muy bien lo del cociente, y anque ya me había conformau con no salir municipal esta vez, no quiero tampoco que me tomen pa'l churrete; y desde que me han puesto en lista, ¡quiero salir y que se dejen de historias!
—¡Pero si precisamente, le repito, sabiendo que usté deseaba ser municipal lo hemos puesto en esa lista, Bermúdez! Si el partido tenía que recompensar sus servicios, y así lo ha resuelto anoche. Usté es incapaz de desconfiar de ese modo; por eso le pregunto quién es el intrigante que le ha venido con cuentos... Debe ser algún interesado en dividirnos para sacar tajada...
—No se mete en política...
—Ah, ¿no ve, no ve que era cierto? ¿Quién le ha venido con el chisme, diga?... ¡Vaya! mátelo, que al fin somos correligionarios y tenemos que defendernos unos á otros. Hoy por tí, mañana por mí...