Como la delineación del pueblo había sido pésima desde un principio, y como los improvisados «ingenieros»—ni agrimensores siquiera,—municipales habían hecho las calles en forma de dientes de sierra, como si sólo trabajaran beodos, nada más natural que presentar al concejo y hacerle aprobar una ordenanza prohibiendo la edificación mientras no se trazara el nuevo, definitivo y esta vez matemático plano de la futura ciudad.
Entre tanto, podría instalarse tranquilamente la fábríca; los horneros, presuntos competidores, «reventarían» por falta de trabajo, y ya libres de temores y al abrigo de toda contingencia, comenzarían á producir «ladrillo de máquina», iniciando la «era del ladrillo de máquina», demarcadora de un nuevo y colosal progreso pagochiquense.
Y así se hizo, como se dijo.
Los horneros fueron emigrando poco á poco; la maquinaria llegó; la fabricación inicióse con un resultado desastroso, porque nadie entendía aquellos complicados aparatos tragadores de barro, estiércol y paja; (la casa europea había aprovechado la coyuntura para deshacerse de un viejo «clavo» únicamente bueno para Sud América ú otro país bárbaro); gritó La Pampa; comentó el pueblo aquel escándalo, y protestó de él enviando anónimos al gobernador y á los periódicos de la capital... Y cuando, después de encontrar obreros diestros en Buenos Aires, comenzaron á levantarse altas pirámides de ladrillos tersos y rojos, como diciendo «compradme», Ferreiro se encaró cierto día con «el digno y progresista intendente de Pago Chico», según El Justiciero.
—¡Hombre, don Domingo! ¡Se me acaba de ocurrir una cosa!
—¡Vamos á ver qué se le ocurre!—exclamó Luna.—Estoy á su servicio.
—Que usted me podría comprar las acciones de la fábrica de ladrillos.
—¡Qué! ¿Ya no le gusta el negocio?
—¡Al contrario! ¡Me gusta de alma! Pero, ando un poco necesitado de plata para completar lo que me cuesta una chacrita que acabo de comprar, y naturalmente, ¡no voy á vender las acciones á algún extraño que vaya á meter las narices en nuestros asuntos!...
—¡Pues, natural! ¿Y, cuánto quiere?