Viera, caracterizándolo, había publicado efectivamente, hacía poco, una parodia de la fabulilla de Samaniego:

Dijo Ferreiro á Bustos

después de olerlo:

—Tu cabeza es hermosa

pero sin seso.

¡Como éste hay muchos

que, aunque parecen hombres

sólo son... Bustos!

—No sabe ¡bueno! Pero dígame cómo fué,—insistió Fillipini, en su jerga ítalo-argentina, seguro de que por el hilo sacaría el ovillo.—¿No le habló nadie?

—Nadie.