—Y como yo no quiero aguantar más ese desbarajuste...
—¿Lo han destituido?
—Eso es.
—¿Será cosa de Ferreiro y el dotor Carbonero, no?
—De ninguno de los dos. Es cosa de Bermúdez.
—¡Pero si Bermúdez ni siquiera es municipal!
—Pues ahí verá usted. Como ha salido electo, le ha calentado la cabeza al intendente, y éste, para tenerlo contento me ha sacrificado, cuando ya me había prometido arreglar el hospital.
—¡Bermúdez! tan bruto y tan...
—Así van los tantos... más vale un enemigo vivo que un amigo bruto... Pero todo esto tiene que saberse...