—¡Claro que sí! ¿Quiere que se lo diga á Viera? Él ya tiene la noticia, pero de un modo muy distinto. ¿Quiere?

—Llámelo, es mejor.

—¡Viera! ¡eh, Pampa! una palabrita.

Viera se acercó, sentóse á la mesa, oyó lo que el doctor quiso contarle, creyó de ello lo más verosímil, y siguió luego largo rato en amistosa charla. Á la hora de comer cada cual tomó para su lado, y la vasta sala de la confitería quedó solitaria y tenebrosa, pues Cármine bajó las luces para ahorrar petróleo.

Fillipini, muy tranquilo, se quedó en su casa aquella noche, aguardando el desarrollo de los sucesos que con tanto cuidado acababa de preparar. Cuando despertó, al día siguiente, lo primero que hizo fué pedir los diarios que el sirviente le llevó á la cama.

Comenzó por la gaceta oficial, El Justiciero.—De su exoneración ni una palabra, del hospital menos. Pero ¡oh detalle significativo! en la noticia de un banquete festejando la elección de Bermúdez, y en la lista de los invitados, su nombre figuraba entre los de Luna y Ferreiro, ¡nada menos!

—É fatto!—murmuró con una sonrisa, arrojando despreciativamente el periódico para tomar La Pampa.

Una columna dedicaba ésta al asunto del hospital, condenando á... Bermúdez, por la destitución de Fillipini!; de Fillipini que—según el artículo,—era lo mejor ó lo menos malo del oficialismo, un hombre así, un hombre asao, cuyas intenciones eran tan sanas como sus propósitos de reforma y administración. Bermúdez comenzaba desbarrando su carrera política, como lo había previsto La Pampa, y si lo dejaban iba á ser como un caballo metido en un almacén de loza... «El grrran consejero de la situación, el señor Protocolos, podría meter en vereda á este gaznápiro»,—terminaba diciendo el artículo.—La alusión á Ferreiro era visible, pero no como para disgustarlo; ni el mismo Fillipini la hubiera hecho con más tino...

En toda esta andanza el único que rabió fué Bermúdez, quien se atrevió á encararse con Fillipini, para darle un sofión. El italiano se le rió en la cara:

—¡Ma! ¡Usté tiene el estómago resfriao! Réchipe: sinapismos. Vaya «amico Bermúdese» y vuelva por otra.