La más antigua de sus poesías parece haber sido escrita en Florencia, por el año de 1504[218].

“¡Qué feliz vivía, mientras me fué dado resistir victoriosamente tus furores, oh amor! ¡Ahora, ay de mí, mi pecho está bañado de lágrimas! ya he conocido tu fuerza...”[219].

Dos madrigales, escritos entre 1504 y 1511, probablemente dedicados a la misma mujer, tienen una expresión conmovedora:

“¿Quién me arrastra por fuerza hacia ti... ¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de mí!... ligado y encadenado, aunque sea libre y dueño de mí mismo!”

Chi è quel che per forza a te mi mena,
Oilmè, oilmè, oilmè,
Legato e strecto, e son libero e sciolto?
[220]

“¿Cómo es posible que yo ya no sea mío? ¡Oh Dios, oh Dios, oh Dios! ¿Quién me ha arrancado a mí mismo?... ¿Quién puede más en mí que yo mismo? ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios!”

Come può esser, ch’io non sia più mio?
O Dio, o Dio, o Dio!
Chi m’ha tolto a me stesso,
Ch’a me fusse più presso
O più di me potessi, che poss’io?
O Dio, o Dio, o Dio!...
[221].

De Bolonia, en el reverso de una carta de diciembre, 1507, es este soneto juvenil, cuya preciosidad sensual evoca una visión de Botticelli:

“¡Cuánto goza la guirnalda bien compuesta ciñendo su cabellera de oro! Todas las flores parecen luchar por ser las primeras en besar su frente... El traje que oprime y cubre su pecho es feliz todo el día. La tela de oro no se cansa de tocar sus mejillas y su cuello. Pero más feliz aún es el listón bordado de oro, que ciñe dulcemente y con ligera presión el blanco seno. El cinturón parece decir: ‘¡Quisiera estrecharla siempre!’ ¡Ah!... ¿y qué harían entonces mis brazos?”[222].