En medio de estas penas el trabajo no avanzaba. Cuando sobrevinieron los sucesos políticos que trastornaron Italia en 1527, no estaba terminada ni una estatua de la Capilla de los Médicis[263].
Así, este nuevo período de 1520 a 1527, no había hecho más que agregar sus desilusiones y sus fatigas a las del período precedente, sin haber traído a Miguel Ángel la alegría de una sola obra acabada, de un solo designio realizado después de más de diez años.
NOTAS:
[212] Poesías, I.
[213] Vasari.
[214] Poesías, IX: Véase Apéndice, II.
Esta poesía, escrita con el estilo burlesco de Francesco Berni y dirigida a Giovanni da Pistoja, tiene, según Frey, fecha junio-julio de 1510. En los últimos versos, Miguel Ángel alude a las dificultades de su trabajo, durante la ejecución de los frescos de la Sixtina, y se disculpa, alegando que ese no es su oficio:
“Defiende, pues, Giovanni, mi obra muerta, y defiende mi honor, porque la pintura no es mi oficio. Yo no soy pintor”.
[215] Henry Thode ha esclarecido exactamente este rasgo del carácter de Miguel Ángel en su primer volumen de Michelangelo und das Ende der Renaissance, 1902. Berlín.
[216] “...Puesto que el Señor devuelve a las almas sus cuerpos después de la muerte, para la paz o el tormento eternos, yo le pido que me deje el mío, aunque feo, lo mismo en el cielo que en la tierra, junto al tuyo, porque un corazón amante vale tanto como un bello rostro...”.