¿Y los otros dos platos de carne? ¿Se quedarán donde se quedaron las dos sopas? Vino un doble plato de judías sin salsa, y me preguntó qué postres eran de nuestro gusto.

Pero ¿y las legumbres que faltaban?

Mi mujer no pudo contenerse por más tiempo.

—¿Qué es esto? me dijo. ¿Dónde están las tres sopas, los tres platos de carne y las tres verduras?

Yo me encogí de hombros y esperé.

La señora entró con dos ciruelas casi verdes, y dos plumas. Las plumas equivalen á los palillos que usamos en España, aunque tienen un doble oficio. Ofrecer un plato con plumas, significa lo que significaba el lego cuando nos miraba con el saco de la limosna abierto.

Aquellas plumas eran una sentencia. Resuelta y decididamente, la comida se habia terminado. No habia más.

Segun nuestro modo de ver las cosas, nos habian escamoteado dos sopas, dos platos de carne, dos de legumbres y dos postres, ó sea las dos terceras partes de la comida: ¡otra vez el doscientos por ciento!

Mi mujer queria á todo trance que pidiera alguna explicacion sobre el hecho, haciéndolo cuestion de energía española; pero yo miré el asunto de otro modo.

Las explicaciones que me den, dije yo para mi capote, no me valdrán un plato; perderé el tiempo, gastaré saliva, se me indigestará lo poco que he comido, y habré hecho méritos para que me tengan por cafre ó por moro, sobre todo si anda por aquí el Sr. Dumas.