La compañía consta de tres damas y de tres galanes.
Las damas son: tiple, carácter ligero y carácter cómico.
Galanes: tenor, barítono, bufo.
La orquesta preludia y la concurrencia se anima.
Un garçon de frac negro y corbata blanca se acerca á nuestra mesa. Mi mujer pide un té, y yo una copa de Madera con bizcochos.
La orquesta rompe, se abre la puerta del fondo del teatro, y aparece la jóven que vimos venir sola, presentada por el tenor, el cual la trae cogida de la mano con el mayor refinamiento.
El principio fué muy desgraciado para nosotros.
¿No es esa la jóven que entró aquí sola á presencia de todo el mundo? Pues si aquí vino sola, si sola se iria hasta el fin de la tierra, ¿por qué ese coquetismo de que la acompañe el tenor ante un público que está convencido de que no tiene necesidad alguna de compañía? El público sabe que aquella dama no se perderá en el camino: ¿por qué contradecir ese convencimiento que tiene el público, cuando lo tiene con razon?
No, señor, se dice: cuando aquella jóven entró en el café, no era dama del teatro. Ahora lo es, y la cultura tributa ese homenaje á la mujer, á la actriz y al público.
Yo no lo creo así. Creo que el arte da belleza, no moral. Creo que la moral nació con la opinion de la mujer, y que es injusto sacrificar la mujer á la artista, cuando la mujer es la grande artista de la naturaleza.