Si la mujer pudo entrar sola en el café, la cantatriz puede salir sola al teatro, porque ambos son hechos sociales que caen igualmente bajo la jurisdiccion de las opiniones.

Más claro, veo en ese refinamiento un coquetismo, una ridiculez, y creo que la ridiculez y la coquetería no son un homenaje tributado al público, ni á la actriz, ni á la mujer.

El tenor se retiró haciendo cortesías exageradas, y ella quedó en la escena inclinada hácia el público, como la red que baja al fondo para rastrear algo.

La actriz no se engañaba; el público aplaudió.

En seguida cantó un aire nacional con bastante voz, con bastante gusto é inteligencia, pero haciendo mohines que destruian en nosotros el efecto del canto.

La prima donna da fin á su papel, se inclina respetuosamente ante el público, el público aplaude otra vez, se abre de nuevo la puerta del fondo, y aparece el tenor, el cual se la llevó como la trajo.

Despues de mediar un entreacto de orquesta, asoma el tenor. Este tenor es un hombre muy alto, delgado, inmóvil, con un gran bigote tan inmoble como sus piernas.

Cantó con voz llena y poderosa; pero en aquel sonido no habia más que voz.

Sigue al tenor la dama de carácter ligero, calificacion que la viene de molde, atendido el contínuo movimiento de sus piés.

Es una mujer de veinte y ocho á treinta años, baja, un tanto gruesa, lo que se llama rechoncha, y que no puede estar quieta un instante, como el gorrion que salta sin cesar cuando busca algun cebo á su pico.