Esta mujer me suministra la idea exacta de lo que se llama en Andalucía un aire respingon.

Cantó una tonadilla, con su acompañamiento de momos y saltos, saludó al público; es decir, al café, con mucha efusion y cierto gracejo … nada más.

Hé aquí ahora al galan de carácter ligero. Esto no lo hubiera dicho al verlo salir, porque creí que se habia invertido el órden de la funcion. Creí que aquel hombre era el carácter cómico, el bufo, el payaso. ¡Qué gestos! ¡Qué gritos! ¡Qué contorsiones! Pero la puerta del fondo se abre, como sale una bala del cañon. ¿Qué es eso que asoma? ¿Qué es ese bulto que sale corriendo, voceando, con el sombrero calado hasta las orejas, y con un frac cuyas estrechas puntas van golpeando sobre los talones de aquel bulto?

Es el actor cómico. Este actor canta, ladra, ahulla, corre, brinca, salta, se estira, se encoge, se pone de cuclillas, de cuatro piés…. En fin, el hombre que al juzgar de las cosas se deje llevar de las primeras impresiones, no debe venir á los cafés cantantes, sino despues de haber estudiado todas las relaciones de esta sociedad originalísima. Si los ve antes, juzgará mal.

Lo único que puedo decir, es que al presenciar estas escenas tengo dolor de estómago. ¡Tan verdadera, tan filosófica y tan expresiva es la palabra española estomagar! ¡Sí, óigalo Francia, esta culta y poderosa Francia! Estoy estomagado.

—No, señor, vuelven á decir los franceses.

Hay muchos hechos que no son tanto cuestion de lógica, como de costumbre ó de país. Para no extraviarse en la apreciacion de las manifestaciones sociales de este pueblo, es indispensable saber cómo este pueblo vive. Despues de un dia de diligencia y de trabajo, el hombre francés come y viene al café, como quien asiste á un recreo. No le hableis ahora de nada sério, de nada grave, de nada moral. No le hableis de nada que pueda preocuparle y alterarle la digestion. Para eso tiene diez ó doce horas al dia.

Esto se dice; pero no hallo en todo eso una razon que me convenza. Desde luego opino, y es una opinion muy profunda en mí, una opinion en que yo fundo el gran axioma de la vida humana: opino, decia, que no veo cuestiones de país ó de costumbre contra las eternas cuestiones de la lógica: desde luego creo que la lógica es el país universal, la única costumbre necesaria. Si sobre la tierra existiese un pueblo que tuviera el poder de trastornar con sus prácticas y costumbres las ideas sustanciales de lo bueno, de lo verdadero, de lo justo, aquel país seria una diablura, una infamia, una apostasía. No, señores franceses; la Francia está dentro del globo, está dentro de la humanidad, está dentro de los fines providenciales, como una pulsacion de mis sienes tiene su causa en mi cerebro, como una idea de mi alma está dentro de mi juicio. No; no hay países morales para contradecir el grandioso decálogo que una razon unánime ha escrito sobre las leyes del universo. Si alguno de vosotros cree que vuestro país tiene ese privilegio trastornador, entienda que el tal privilegio fuera una herejía.

Vosotros os vais al café con el objeto de recrearos. Nada más justo; especialmente despues de muchas horas de aplicacion y de virtud. Pero ¿de qué manera os recreais? ¿Oyendo maullar? ¿Viendo que un hombre se convierte en gato, para que vuestra digestion no se turbe? Pues ¿qué digestion es la vuestra, que sólo se hace bien contemplando que un semejante vuestro se degrada? ¿Creeis por ventura que no es degradacion para un hombre el hacer oficios de lobo, puesto que ese hombre aulla? ¿No ois los aullidos? ¿Eso os recrea? ¿Eso ayuda vuestra digestion, señores franceses?

—¡Así nos recreamos!