—¡Ah! Si no teneis más razon que esa, me callo.

Un hombre ponia candentes unas varas de hierro, las cogia con la necesaria precaucion, se acercaba de un modo imprevisto á sus criados, y les quemaba las piernas, los brazos ó el cogote. Los criados saltaban, gritaban, hacian gestos, y aquel hombre se distraia tambien con aquellos gestos, con aquellos saltos, con aquellos gritos.

Así me recreo yo, podria contestaros aquel hombre.

No os disputo el derecho de divertiros; sino el derecho de divertiros contra lo que se debe al decoro, á la moral, al hombre, porque no hubo, ni hay, ni habrá nunca derecho para obrar contra el hombre, contra la moral, contra el decoro; de la misma manera que no hubo, ni hay, ni puede haber luz en el espacio para derramar las tinieblas en nuestra pupila.

Recrearos, sí: recrearos á costa de un semejante vuestro que hace el gato, el perro, el gallo, la gallina, el lobo, hasta el cocodrilo, si cupiera: no, mil veces no. Eso no es recreo, porque no es arte, porque no es humanidad, porque no es ni decencia.

—Si aquí vivieras algun tiempo, le contesta: si aquí perdieras ese gusto extranjero que te presenta como repugnantes los hábitos de esta sociedad, acabarias por asistir á estos espectáculos y por recrearte como nosotros.

Tampoco me convence esta prueba. En una ocasion padecí vigilias, hasta el punto de estar diez y siete dias sin dormir un instante. El médico me aconsejó el ópio; yo me negué, y recuerdo que el médico me decia: si usted se acostumbrara á usar de aquel narcótico, lo usaria al cabo como ahora puede usar de los dátiles, por ejemplo.

Puedo acostumbrarme á los cafés cantantes, como puedo acostumbrarme al ópio, al veneno, á la disolucion. ¿De qué manera?

Relajando mis aptitudes físicas y morales; destruyendo en mi organizacion la ley natural, el dogma de mi sér.

Si hay razon para decir que me acostumbraria á una accion degradada, y que llegaria á gozar en ella, habrá razon tambien para que el bandolero me diga: vente con nosotros, desecha escrúpulos, no temas. Luego que te acostumbres, nuestra vida errante te hará gozar con los peligros de una hazaña; nuestra cueva te parecerá tan hermosa como un palacio; te creerás un héroe, como nos lo creemos nosotros.