No; no creo eso. Creo que los españoles de hoy son más dados al crímen que los franceses; creo que en España se cometen muchos más delitos, creo que la ventaja á favor de este pueblo es muy notable; pero creo, sin embargo, de que en España hay más sentimiento moral, más gérmen de conciencia, más virilidad y más fortaleza en nuestras acciones. Creo que veria en aquel payaso un artificio servil y grotesco; un buen humor que no haria las mejores migas con el respeto que nos debemos por nuestra propia dignidad. Esta es la palabra, á mi modo de ver. Me parece que los españoles somos más amantes de nuestra dignidad.

Nuestra tierra está peor cultivada; sí, doy la razon á Francia en este sentido; pero mal cultivada y todo, me parece que si se escarba se encuentra más jugo.

¿Cómo se explica ese fenómeno?

No es este el lugar de la explicacion.

Pagamos un franco por el té, otro franco por la pequeña copa de vino de Madera, y otro por los bizcochos, el doble de lo que dichos artículos valian. Yo los hubiera dado con gusto, á no haber mediado el hombre que ladraba. Esta memoria me amargará toda la vida el corazon.

A las ocho estábamos en la calle de Lepelletier, ante el teatro de la
Grande Opera.

El local en donde se expenden los billetes está lleno, aún no han abierto el despacho, y no hay más remedio que ir á contaduría, sin embargo de que cada asiento nos costará un franco ó dos sobre la tarifa ordinaria.

Esto está dispuesto con intencion. Abren el despacho general media hora antes de comenzar el espectáculo, y este tiempo basta difícilmente para expender los billetes de las localidades baratas. Así sucede que casi todas las localidades de preferencia tienen que buscarse en contaduría, pagando un sobrecargo de cuatro, ocho y hasta diez reales por asiento, lo cual monta á una suma muy respetable en el trascurso de una temporada.

Un jóven saboyano nos guió á contaduría, y nos proveímos de dos asientos de palco principal, únicos que quedaban pareados, mediante once pesetas cada uno.

Penetramos en el teatro, cuyo pórtico no deja de tener cierto aspecto de majestuosa austeridad. Una escalera espaciosa y bien iluminada nos conduce al piso primero. La sala de descanso, aunque provisional y un tanto estrecha, ofrece una vista imponente. Tiene de longitud toda la anchura del teatro, longitud que aparece triple por el juego de espejos en las extremidades; está alumbrada con profusion y decorada con sencillez y gusto.