Al despedirnos de Lesperut, le manifestamos que no podriamos vernos al dia siguiente, porque habiamos determinado ir á visitar la famosa fábrica de Sevres, pasando desde allí á Versalles, tanto para ver su gran palacio y sus magníficos museos, como para recibir algunas impresiones de una escuela célebre, muy célebre, muy justamente célebre: la escuela del pintor Vernet.

Estábamos en el hotel á las doce. Tomamos un poco de salchichon y de jamon en dulce, más una copa de macon por remate. ¡Poder de Dios, qué vino! Ni es ágrio ni amargo, y es amargo y ágrio, y tiene otra cosa que no sé definir.

Apostaria la cabeza á que no fué este vino el que bebió el capitan
Gerardo Lobo cuando escribia:

Ahogo despues mis anhelos
En ese licor divino
A quien otros llaman vino,
Porque vino de los cielos.

Siempre que bebo … no, esto no es beber; es atragantar. Siempre que atraganto una copa, tengo que parodiar por fuerza las últimas palabras de Bruto.

¡Oh virtud, sombra vana, esclava del azar,
Ay del que en tí creyó!
¡Oh vino, hiel mestiza que me haces patear.
Ay del que te bebió!

Lector mio, hasta la vuelta de Sevres y de Versalles.

=Dia décimo séptimo=.

Sevres.—Las dos figuras.—Importancia social y artística de una fábrica de porcelana.—Versalles.—Sus Museos.—La escuela Vernet.—Impresiones varias.—Vuelta á Paris.—Encuentro en los Campos Elíseos.

A las ocho de la mañana estamos en la plaza de la Concordia, con el fin de tomar el ómnibus que á las ocho y media parte para Versalles, haciendo escala en Sevres.