Nos proveemos de dos billetes de interior, ocupamos nuestros asientos, la hora se acerca, los viajeros se dan prisa, la bocina del conductor da la señal, muévese el carruaje y los Campos Elíseos quedan á la derecha.

He dicho carruaje, y en verdad que no es este el nombre que más le cuadra.

El ómnibus que nos conduce es una lancha cañonera, y una tribu que anda dentro de una casa de palo. En el imperial van veinte pasajeros, otros veinte en el interior, dos conductores en el pescante, y uno en la escalera de caracol con que termina el ómnibus, por donde se sube al imperial.

Siendo generalmente llano el camino de Paris á Versalles, la compañía de estos ómnibus ha hecho construir una vía férrea, la que no sólo evita peso á los caballos, sino que facilita extraordinariamente la velocidad.

A la hora y media, minuto más ó menos, estamos en Sevres.

La historia y descripcion de la fábrica nacional de porcelana establecida en este punto, haria necesario un tratado completo sobre la materia, tarea que no cabe en el plan que me propuse al escribir estos estudios.

Con tal motivo, advierto á mis lectores, que no me fijo tanto, ora en la historia de los hechos, ora en su importancia privada, como en la influencia social que puedan ejercer, acerca de lo cual juzgo yo por las sensaciones que en mí producen.

Entre los magníficos jarrones, floreros y varios utensilios de vajilla que hemos visto, voy á hacer mencion de dos figuras que pertenecen á otro género.

La primera representa á un viejo sentado en un sillon, y á una jóven de pié, presentándole una jícara de chocolate.

La segunda representa á una jóven sentada como el viejo, y á un jovencito que la ofrece un presente de amor.