Las cuatro figuras tienen tules ó encajes estrechos en los remates de sus vestidos, segun el gusto de la época.
La persona que nos conducia nos preguntó, señalando á los tules que decoraban los remates de aquellos trajes:
—¿Qué creen ustedes que es esto?
Yo respondí:
—Creo que es un tul que se ha unido á la porcelana.
Pregunté á mi mujer, y mi mujer creia como yo que era tul.
Nuestro guia se sonrió en señal de triunfo, diciéndonos que no lo habiamos mirado bien.
Nos fijamos más; pero no conseguimos sino ratificarnos en la idea anterior de que aquello era encaje.
Aún á trueque de quebrantar los estatutos de la casa, la persona que nos conducia nos permitió que tocáramos el ribete en que nosotros veiamos positivamente una blonda.
Tocamos; aquel tul no era tul, sino porcelana. Mi mujer y yo permanecimos un poco cortados, puesto que repetidamente hicimos muestras de no creer lo que aseguraba nuestro guia.