La del viejo dice: ¡si la vejez pudiera! (Si vieillesse pouvait!)
Y la del jóven: ¡si supiera la juventud! (Si jeunesse savait!)
Es una moralidad picaresca, punzante, pero oportuna, graciosa, habilísima: la moralidad del pueblo francés; el golpe mágico del palaustre.
A su tiempo hablaré á mis lectores de una fábrica de tapicerías, titulada de los Gibelinos, la primera que existe en el mundo.
La fábrica de Sevres es en porcelana lo que los Gibelinos en tapices. El Japon es muy superior por lo precioso de la materia; pero no por lo hábil del trabajo.
Bien, se dirá por alguno: ¿qué significa esa fábrica de Sevres? ¿Qué es? Un horno que funde jarrones, flores y vajillas para los reyes, para los grandes, para los ricos, una fábrica de preseas.
No, amigos mios, no: si así fuese, bien sabe Dios que no hallaria aquí gran cosa que admirar. Los hechos no pueden mirarse de ese modo, de un modo egoista. La fábrica de Sevres, como la manufactura de los Gibelinos, tiene un sentido mucho más alto, otra clase de elocuencia social.
Estas dos fábricas son dos monumentos que un pueblo entusiasta y creador erige á la industria elevada, inteligente, liberal; esa industria, que arrancando sus obras de la miseria de su precio, de su venalidad, de su tarifa, las hace infinitas como el genio representado por una estátua, y trasmite su última plenitud, su personalismo más trascendente á las tareas del espíritu humano.
Esta industria es el arte, llamado ayer oficio: es el hombre, llamado ayer siervo: es la fantasía y el sentimiento haciéndose amos de la materia, despojándola de sus girones asquerosos, purgándola de la nota de vil que ayer la afeaba.
Pero no sólo es esto. Aquí se comprende de un modo irresistible, aunque no queramos, que luego que las formas nos hieren con la emocion de la belleza, todas son igualmente artísticas. Se comprende de un modo irresistible que no hay más que un arte, porque no hay más que una naturaleza que nos ofrece el original de lo bello, porque no hay más que un corazon para leer aquel original. Sí; aquí se comprende, yo estoy orgulloso de sentirlo, que el arte se desdobla en la palabra, y se llama poesía ó elocuencia; que se desdobla en la voz y en el gesto, y se llama declamacion; que se desdobla en el ademan y toma el nombre de pantomima; que se desdobla en la armonía del sonido y es música; que se desdobla en el dibujo y en el color, y se llama pintura; como se desdobla en un mármol, y se llama escultura; como se desdobla en los movimientos del hombre, y se llama baile; como se desdobla en los tapices y en la porcelana, denominándose fábrica de los Gibelinos y fábrica de Sevres.