Yo tenia la nocion del arte universal; pero aquella nocion es ahora más exacta y más profunda; más universal, más extensa tambien; porque la toco prácticamente, y la práctica da á las cosas su última extension.

Tomamos el ómnibus que va á Versalles, y apenas trascurrió hora y media, cuando ya pisábamos el suelo de esta antigua isla de Chipre.

El carruaje hace alto, y al bajar nos vimos enfrente del suntuoso alcázar.

¡Luis XIV, Richelieu, Colbert, salud!

No hablo á vosotras, piedras amontonadas, testigos mudos, á quienes no quiero interrogar, porque antes de veros os habia interrogado en mi corazon. No te hablo á tí, Versalles de otros siglos, eden donde han llorado tantos ojos: no te hablo á tí, gran fantasma de mármol, en que yo leo con ojos inflamados lamentos y amonestaciones de la historia.

Hablo á tres hombres que crearon á Versalles, sacrificando para ello á la Francia, y que son superiores á otros hombres que sacrificaron la Francia y que no crearon á Versalles.

¡Luis XIV, Richelieu, Colbert, salud! Ignoro si vuestras cenizas me oyen; pero unos pobres extranjeros os saludan.

¿Qué podré decir de los museos que encierra este suntuoso palacio?

No sabria por dónde empezar, tendria que trascribir los tres volúmenes que he comprado.

Conténtese el lector con saber que aquí está toda la Francia histórica en lienzo y piedra. No perdiéndose este palacio, no puede perderse la historia del pueblo francés.