Escaleras magníficas, salones espaciosos, retretes adornados con una riqueza y una profusion que sorprenden; una sala que no tiene igual en el mundo, si se exceptúa la gran sala del palacio del Louvre: en una palabra, Versalles fué la grande galantería de uno de los reyes más galantes qué ha existido, y este palacio es la galantería maestra de Versalles.
Pero pasemos á estudiar una cosa más bella, más fecunda, más predestinada: la escuela de Vernet, del gran Vernet.
Este pintor se dedicó casi exclusivamente al género de las batallas; pero no de las batallas antiguas que eran como una especie de divinizacion de la guerra, el sacrificio de la caridad que nos debemos todos, hecho en aras de un señor opulento ó de un tirano. Los cuadros de Vernet son la escuela social, la escuela del exámen llevada al género que cultivó. Vernet es un grande obrero del alma, que conduce una piedra colosal al edificio en que trabaja toda la historia de cinco siglos.
La pintura, que habia adulado sucesivamente al guerrero, al monarca, al noble, al fraile: la pintura, que durante el trascurso de tantos siglos, habia sido sierva y mendiga, en los pabellones de campaña, en el palacio, en el castillo, en la iglesia, en el claustro, levanta un dia la frente empolvada, mira en torno suyo, comprende la verdad, la escribe en un lienzo, y viene á ser el culto de una nueva razon, de una razon cristiana; viene á ser la voz que abandona el desierto y que clama en el mundo, una imprenta semejante á la de Guttemberg, el espíritu práctico y real de los modernos. Esto hizo Vernet. ¡Cuánto hizo! ¡Cuán superior es su inspiracion! ¡Cuán superior es su filosofía! Sobre todo, ¡cuán superior es su moral!
La Francia será con él desagradecida si no le levanta una estátua, dice un ingeniero amigo mio. Yo no lo creo así, el genio no tiene precision de ninguna especie de idolatría, de ninguna especie de símbolos transitorios.
El genio no tiene precision de un pedazo de piedra, que se rompe, que se cae, que se pulveriza, como se marchita una planta, ó como una hoja es arrebatada por el aire. El genio es la santidad de la conciencia, la historia de Dios. Quede el mármol para la historia de los que tienen vanidad, de los que no tienen bastante con su alma.
¿Qué estátua mejor que esa escuela admirable?
Penetramos en la primer sala de las pinturas de Vernet.
El cuadro en que me fijo representa á un combatiente moribundo. Está pálido, horriblemente pálido; tiene el labio inferior caido, dejando ver una encía amoratada, y cualquiera diria que sus párpados van á cubrir unos ojos turbios. Un amigo lo asiste de rodillas, llevándose una mano á la frente, en señal de desesperacion.
En el cuadro que miro, campea, hasta en los menores detalles, la verdad llena, franca y vigorosa que sólo comprenden los grandes maestros.