Para el pintor del Asia, la pintura era un ídolo.

Para el pintor de Grecia, una Vénus, un héroe, unas bodas.

Para el pintor de Esparta, un guerrero.

Para el pintor feudal, un señor ó un fraile.

Para el pintor del renacimiento, un rey ó un santo.

Para Horacio Vernet es el hombre; el hombre muerto en aquel campo de batalla; aquel hombre puesto boca abajo, solo, abandonado de todo el mundo, sin más testigos que una piedra, una mata y el cielo; aquel hombre muerto para la materia, lleno de vida y de verdad para el arte, para la moral y para el dogma; aquel hombre tan lleno de vida y de belleza, que aún estando difunto, que aún siendo cadáver, parece ser el habitador de aquel desierto, el genio imponente de aquella soledad. Se dice que el arte de Vernet es una escuela puramente social, profana, protestante: ¡No! ¡Mil veces no! Eso sólo puede decirlo la ignorancia, ó el odio, ó la calumnia. La pintura de Horacio Vernet no sólo es un arte atrevido, fecundo, armonioso, patético, ardiente, sino un arte maduro, pensador, ferviente, religioso, religiosísimo. Es el arte sublime de la madre que llora por su hijo, que se va á la guerra; el hijo, que es tal vez aquel hombre muerto en un escampado. La pintura que vimos ayer en Versalles, es el arte de la lágrima cristiana, como he dicho en estos apuntes más de una vez.

—Mas ¿por qué, preguntó el ingeniero, cuenta usted á Colon entre los genios inventores?

—Porque en Colon, respondí yo, lo mismo se halla la ciencia austera y convencida que nos demuestra una verdad, como la afortunada inspiracion del que inventa, como la idealidad poética del que adivina, como la hábil diligencia del que ejecuta, como la valentía del que pelea, como el instinto del que organiza. Colon presiente un nuevo mundo, del mismo modo que mueve el timon de una nave, del mismo modo que desnuda la espada, ó que mira la brújula, ó que conquista un territorio, ó que enarbola el estandarte de la redencion. Colon es tan sábio como poeta, tan poeta como marinero, tan marinero como inventor, tan inventor como soldado, tan soldado como caudillo; en una palabra, servia tanto para menestral como para príncipe, ó para príncipe como para menestral. Despues de la esperanza que el hombre tiene en Dios, lo más grande del mundo es el genio, y Colon es uno de los genios más grandes de que puede gloriarse el mundo.

—¿Quién cree usted que es más grande, Colon ó Napoleon I?

—Colon, incomparablemente más.