—¿Y entre Colon y Hernan Cortés?
-Colon.
—¿Y entre Colon y Washington?
—Colon.
—¿Y entre Colon y Horacio Vernet?
—Ambos: ambos trabajaron, no para un pueblo, no para su gloria, sino para todos; para el pensamiento cristiano. Conquistaron un mundo, y se lo dieron á la humanidad sin orgullo y sin pompa.
—¿Y qué artífices tiene nuestro país en la renovacion cristiana? ¿Será cosa que España no tenga á nadie en esa segunda humanidad?
—Sí tiene; tiene á San Isidoro de Sevilla, en erudicion; á D. Alonso el Sábio, en leyes; á Santa Teresa de Jesus, en disciplina y en ejemplo; á Juan de Mena, el marqués de Santillana, Garcilaso, Fray Luis de Leon, los Argensolas, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Rioja y Herrera, en poesía lírica; á Calderon, en poesía dramática; al soldado Alonso de Ercilla, en poesía épica; al autor del Quijote, en el romance; á Blasco de Garay, en el invento; al Padre Mariana, en historia; al Padre Isla, en sátira; al Padre Feijóo, en crítica; á Vives, en literatura filosófica; á Campomanes, en organizacion social; á Jovellanos, en economía; á Florez Estrada, en hacienda; y así otros muchos que no recuerdo en este instante.
—¿Comprende usted ahora, pregunté al ingeniero, la importancia de la pintura de Horacio Vernet? ¿Comprende usted ahora la importancia, el carácter profundo y el profundo sentido histórico de ese gran pintor?
—Sí señor, ahora lo comprendo.