Yo contesto á los hijos de Paris que se engañan. No me maravilla que busquen esta solucion á sus pecados; pero se engañan.

En ninguna parte del mundo tiene la prostituta la instruccion y la fascinacion teatral que en Paris: en ninguna parte del mundo tiene la fantasía tantas imágenes y tantas formas para embellecer la fealdad: en ninguna parte del globo conocido se hace de la prostitucion una especie de apoteosis ó de reinado.

No hay más hipocresía en los demás países: hay menos ingenio, aplicado á dar encanto á los goces ilícitos, á dar esplendidez á la sensualidad que se embriaga. Hay más ignorancia cuando se trata de llamar á la imaginacion para que haga de una ramera un personaje, una heroina, casi una gloria, una celebridad.

Hay menos talento en hacer de un vicio una aristocracia. Digo otra vez, y lo diré mil veces, que profeso por máxima de vida social el respeto al hombre, sea quien fuere, aunque sea un mendigo, aunque sea un reo, aunque sea un ajusticiado, y que respetando al individuo, con mayor razon respetaré á los pueblos, en quienes hallo individuos más respetables, á fuera de mayores. No me propongo lastimar á Paris; sino manifestar lo que entiendo justo.

En los demás países se sabe menos en materia de convertir el vicio en una hechicería, y ¡bendito el mármol que no rueda, cuando el rodar sólo ha de servir para llevarlo al precipicio! ¡Bendito el arrullo de la tórtola, que no sabe atraernos con la mirada venenosa de la serpiente!

IV.

=Moralidad con relacion al trato civil=.

Voy á dar algunos detalles sobre dos caractéres singularísimos de la sociedad francesa, caractéres reflejados en dos palabras; pardon y merci; perdon y gracias.

Un parisiense viene corriendo por una acera y magulla el pié á un transeunte, vuelve la cara sin detenerse y le dice con la expresion más fervorosa: pardon, monsieur, (perdone usted, caballero).

Sigue de la misma manera, y se da de cara con una señora, ó la da un codazo que la tulle el brazo ó el pecho: pardon, madame (perdone usted, señora) y sigue su camino con aire triunfante, como un hombre que está convencido de que merced á una palabra de etiqueta, tiene el derecho de ir aporreando á todo el prójimo.