Digo que en ese espíritu que domina al hombre, que gobierna la vida, como si fuese el interminable reinado de la historia, están germinando dos ideas profundas y poderosas, desde fines del siglo pasado hasta nuestros dias. Aquellas dos ideas se enseñorean hoy de todas las formas, de todos los poderes, de todos los entendimientos, en una palabra, se enseñorean de todas las revoluciones que se operan en la razon del mundo.
Las dos ideas de que hablo son: la estadística y la fisiología: la estadística, explicando la sociedad; la fisiología explicando al hombre. ¡Quién habia de decir á nuestros antiguos filósofos que la fisiología es espiritualista á su manera!
Véase con cuidado lo que pasa en el mundo de hoy, y se hallará tal vez que la grande lucha, el gran trabajo de nuestro siglo, no es más que el resultado del natural antagonismo que existe entre las ciencias tradicionales y ese genio de la historia, ese nuevo espíritu que se ha despertado en el alma del hombre; más claro, entre las ciencias escolásticas por una parte, y las matemáticas y la física por otra. Digo, matemáticas, porque la estadística no es otra cosa que las matemáticas aplicadas al régimen social.
Esas dos ciencias, esas dos geometrías, la interna y la externa, la humana y la social: esas dos creaciones casi fabulosas que llenan el globo desde fines del siglo pasado, marcan hoy la medida de la civilizacion de los pueblos; son la manecilla de metal que mide las horas del mundo en ese reloj oculto y misterioso. La fisiología y la estadística son actualmente lo que eran antes la astronomía, la teología y aún la mágia. Hoy no es más civilizada la nacion que más sabe y que más disputa, sino la que más analiza y más demuestra. Casi puede decirse que la física de hoy, equivale á la metafísica de ayer.
Pasó el tiempo de la palabra.
Estamos en el tiempo de la prueba.
Pasó el tiempo de la opinion.
Estamos en el tiempo del experimento.
Pasó el tiempo del puro raciocinio, del criterio teórico; pasó el tiempo medio caballeresco y medio fantástico, en que la ciencia convencia al mundo y lo gobernaba ocultamente, empeñando palabras de honor.
Estamos en el tiempo del criterio práctico, del criterio de aplicacion, del análisis geométrico de la prueba real, casi física; en un tiempo en que el compás explica la idea; en que un pedazo de materia explica un pensamiento, como el alambre explica la electricidad, como el plomo explica la imprenta, como la brújula marca el polo Norte; en un tiempo que no cree en las palabras de honor que da la ciencia.