Pasaron los tiempos de Platon y Aristóteles.
Estamos en los tiempos de Colon, Guttemberg, de Bichat, de Vaucauson, de Montgolfier y de Fulton. Pasó la dialéctica, pasó el silogismo, y vino el instrumento, vino la máquina.
Este gran fenómeno, el más peregrino y trascendental que se ha realizado en la historia, tiene una razon profunda, una profunda psicología. Toda la civilizacion asiática, como la judía, como la griega, como la romana, como la feudal, pretendian explicar el cuerpo por el alma, la materia por el espíritu, la criatura por el criador. Y pasan siglos y más siglos, pasan espectros y más espectros, sombras y más sombras, y por honrar al Criador se ahorcaba en un cadalso á la criatura; y por redimir al espíritu se ponia en un tormento la materia; y por salvar el alma se encendian hogueras al cuerpo. El hombre era quemado, como quien tributa un culto á Dios. Así servian y adoraban á Dios las castas antiguas, las antiguas civilizaciones, ese algo histórico que ha venido reinando en el mundo hasta el siglo XIV de la era cristiana; ese algo no definido todavía; esa casta revuelta y confusa, que se ha denominado de muchos modos, pero que en realidad no es otra cosa que la ley de la contradiccion, la ley de la Persia, un mundo de luz, representado por Ormuzd, y un mundo de tinieblas representado por Ahriman: decir, una gloria, explicando un infierno; un Dios explicando á un diablo. El alma era Dios, era el ídolo, y se le quemaban perfumes; el cuerpo era el diablo, y se le apedreaba, cuando no se le achicharraba vivo.
Estudiado con imparcialidad y reposo este intrincado asunto, hallarémos que el mundo antiguo, la humanidad hasta el siglo XIV, no es más ni menos que un órden de cosas creado por la ley de la contradiccion, por la ley de las castas, la ley de arriba declarando pária á la ley de abajo; la ley de un espíritu y de una materia, considerados como poderes antagonistas; como fuerzas radicales contrarias; la ley terrible que convertia al hombre en enemigo del hombre y de Dios. Que este enemigo se llamara sudra en la India, hebreo en Egipto, hierodul en Capadocia, esclavo en Grecia y Roma, ilota en Esparta, siervo ó hereje en la edad media, poco importa: la filosofía de la historia es la misma. Es una idea que se ha revelado bajo distintas formas; es un vidrio que ha reflejado la luz de varios modos, como un libro tiene varias páginas, como una tormenta tiene varias nubes, como la escama de las serpientes tiene varias pintas. Repito que el mundo, hasta el siglo XIV de nuestra era, venia del Asia; y que el Asia venia de la ley de la contradiccion; esa ley abolida por el Evangelio; ese mónstruo ahogado por la sangre vertida en la cruz; esa fosa de la humanidad cegada por el mártir del monte Calvario. ¡Mundo pagano, mundo gentil, no luches, basta! Si algo te queda dentro del valladar que Dios ha puesto al hombre, si alguna gloria te está reservada por el pensamiento de la Providencia, no hallarás esa gloria, ese dia luminoso no brillará en el cielo para tí, sino volviendo tu inteligencia y tu corazon al monte Calvario. No luches, no huyas, no leas, no esperes, no mires atrás ni adelante; ponte de rodillas ante un crucifijo. Muda de fe, y adora. Más claro, ten fe, porque lo que tú tienes ahora no es fe; lo que tú haces ahora no es creer, es soñar. Ten fe, repito, y te salvarás, como se ha salvado la humanidad cristiana.
El mundo moderno mudó enteramente de pensamiento y de conducta. En vez de explicar la criatura por el criador, la materia por el espíritu, el cuerpo por el alma, el hombre por la sociedad, tiende á explicar la sociedad por el hombre, el alma por el cuerpo, el espíritu por la materia, el criador por la criatura, arrojando del mundo una metafísica simbólica, poética, oriental; una especie de augurio pagano, una adivinacion, egipcia que, ó no explica nada, ó explica todos los absurdos y monstruosidades que la mente de un loco puede concebir; todos esos absurdos y monstruosidades que han venido reinando en la historia de la humanidad.
Antes sucedia que por el misterio del geroglífico, querian explicar las figuras del mismo geroglífico, de donde resultaba que no conocian ni las figuras, ni el misterio, ni modo ni esencia, ni cuerpo ni alma, ni criatura ni criador. Partian de lo que ignoraban, para llegar á lo que no sabian. Eran dos ignorancias obstinadas y supersticiosas, creando todo un mundo; el mundo en que debia vivir el hombre, el sér que piensa y siente, el sér que raciocina y ama, el sér que crea tambien, la hechura más noble, la concepcion más sábia de la suma sabiduría, el poder más grande que dió á luz el Todopoderoso; el único poder creado, capaz de conciencia, capaz de convencerse, capaz de arrepentirse, capaz de bajar la cabeza y suspirar; el hombre, la criatura que llora y que espera. Y luego hay cristianos, hoy, en nuestro siglo, pasados mil ochocientos sesenta y tres años de la Cruz; hay cristianos, repito (¡parece mentira!) que profesan la ley de la contradiccion, la ley de un alma divinizada y de un cuerpo quemado; la ley de los tormentos y de las hogueras; la ley de la horca y del cuchillo; la ley de Tiberio que llenó de gemidos las tinieblas sagradas de las catacumbas; la ley de Pilatos, que hizo caer á Jesucristo bajo la carga de un madero. Y al hablar de cristianos que profesan hoy aquella ley bárbara, no me refiero á hombres vulgares, sino á personas ilustradas y fervorosas. Yo no puedo expresar cuánto me amarga esa inconcebible y lastimosa contradiccion. No se comprende cómo esos hombres viven en el mundo, ni cómo han leido la historia.
El espíritu moderno, el mundo cristiano, hizo lo contrario de lo que hacia el mundo venido del Asia. Para adivinar el misterio del geroglífico, partió de las figuras: para adivinar el geroglífico, que estaba dentro, partió del geroglífico que estaba fuera; para adivinar lo que no veia, partió de un hecho que estaba viendo; y de esta manera consiguió que si no veia lo de dentro, veia al menos lo de fuera; algo veia. Acaso no logre conocer el espíritu, pero conoce la materia; tal vez no conozca á su criador, pero conoce la criatura; tal vez no logre explicarse la sociedad humana, pero se explica al hombre. Ya que no la esencia, conocerá el modo; ya que no logre adivinar ese algo infuso, esa cifra divina, esa última duda, esa duda suprema y venerable de que parece circuirse el espíritu providencial, logrará siquiera conocer lo que se ha revelado, lo que obra en la naturaleza, lo que Dios ha escrito en esa segunda teología, lo que Dios promete en esa segunda religion. Antes no se veia lo visible; no se realizaba lo realizable. Hoy, sí. Este es el gran carácter del cristianismo sobre la civilizacion gentil y pagana. El hombre cristiano se cree autorizado, se cree con poderes, se cree hasta con fuero, para ver lo que puede verse; dejó de quemar al que manifestaba que veia lo que no se habia visto antes; dejó de fabricar tormentos, de aparejar cadalsos y de encender hogueras al altísimo y venerando ministerio de la razon humana; al ministerio de pensar y de decir lo que se habia pensado; al ministerio de medir, y de hacer patente lo que se habia medido, y esto, esto solo explica la incalculable superioridad del mundo moderno sobre el mundo antiguo, la incalculable superioridad del hombre cristiano sobre el hombre de las regiones gentiles y paganas. La ley de la humanidad, puesta en lugar de la ley de la contradiccion; la ley de Dios y la del hombre, puesta en lugar de la ley del diablo y de la del hereje, esto lo explica todo. Sin este dato, sin esta observacion, sin hallar en las fastos humanos ese fin adorable, esa providencia que triunfa, sin que nadie vea los laureles del triunfo; sin que las cosas se miren así por la razon y por la fe, unidas y hermanadas, no es posible encontrar la filosofía de la historia. La historia será un acaso horrible, un fatalismo ciego y cruel, un pandemonium, como la denominan los escépticos, los ateos del hombre y de Dios. Dicen bien esos desdichados. La historia es un pandemonium para los que no creen en la providencia y en la humanidad, como la razon es un delirio para el loco, como la ciencia es una algarabia para el ignorante, como la luz es una tiniebla para el ciego. Más digo y opine lo que quiera esa pobre gente, la historia ha sido, es y será siempre la Biblia social, una segunda revelacion, una infalible geometría del progreso humano.
He dicho antes que hoy no se considera más civilizada la nacion que más sabe y que más disputa, sino la que más analiza y más demuestra. Esta verdad no admite duda en mi juicio. La Italia, por ejemplo, es más teóloga, más metafísica, más ontológicamente sábia que la Inglaterra; sin embargo, la Inglaterra es hoy un pueblo más civilizado, inmensamente más civilizado que la Italia. Esto quiere decir que ha analizado más en estudios estadísticos y fisiológicos, que es más sábia en la ciencia del hombre, y en la ciencia de la sociedad, porque hoy se llama ciencia lo que antes se llamaba herejía, y se llama fárrago lo que antes se llamaba ciencia.
Cada escuela podrá traducir este hecho á su modo, dejándose llevar de sus recuerdos, de sus aficiones ó de sus intereses; pero la existencia de aquel hecho, tan capitalmente trascendental, es indisputable.
Voy á decir ahora dos palabras sobre los monumentos citados en el sumario de este dia, dando principio por el palacio de la Bolsa.