—Vaya usted corriendo! añadió mi mujer con mucha prisa.

Maladroite que je suis (¡Torpe de mí!) exclamó la buena mujer, y se dirigió á la escalera apresuradamente volviendo la cara y saludándonos con la mano.

Inmediatamente que quedamos solos, me preguntó mi compañera:

—¿Qué piensas hacer?

—Pienso ver á los españoles y americanos que aquí conozco, y reunir la suma necesaria para que Luisa vuelva á su país. Estando en Pisa, una lágrima y un perdon lo salvan todo. Es una llaga que sólo se pura con aquel bálsamo; ¿Crees que hago bien ó mal? Pregunté á mi mujer, mirándola con atencion, como para adivinar sus intenciones.

Mi mujer contestó:

—Creo que haces muy bien.

En el Hotel de Bilbao, de que hice mencion al principio de estos apuntes, he tenido, la satisfaccion de conocer al brigadier Rotalde, tan excelente caballero como buen pintor. Viene de la Habana, y teniendo que permanecer pocos dias en Paris, hemos acordado visitar hoy el Panteon, y tomar luego una botella de cerveza en un café cantante de los Campos Elíseos. Para mañana queda aplazada la visita del Louvre, en donde podrémos admirar la sublime Asuncion de Murillo, que es el sueño dorado del brigadier, y que yo no dejo de desear.

—A estilo de campaña, exclamó el brigadier artista. Lo que ha de hacerse luego, hágase ahora.

Y pronunciando estas palabras, abria la portezuela de un carruaje público que estaba enfrente de la fonda, invitándome á que subiera. Subo en efecto, sube él, el cochero levanta el látigo, y véanos el lector rodando, por las calles de esta moderna Nínive. Al pasar por el Mercado Nuevo, nos apeamos, recorrimos una de sus espaciosas galerías, vimos camarones, compramos por valor de un franco de esta fruta marítima, tornamos al coche, y en el momento de montar, levantamos los ojos, y vimos á una jóven como de diez y ocho á veinte años, que, sentada en el balcon de un piso segundo, se entretenia en dar muchos besos al pico de un loro. El afan de aquella muchacha no dejó de causarnos cierta impresion, y apenas nos sentamos en el carruaje, dije yo al brigadier: