A juzgar por las muestras, debe suponerse que el convite duró todo el dia. Los dos entremeses no dejarian de durar dos ó tres horas; de modo, que cuando tomaran los postres, las entradas debian estar ya en los talones. ¡Con qué reposo lo tomaba aquella buena gente!

Cuarta. El Memorial cuenta la historia de un compadre que no se anda en chiquitas. Estéban Marcel, de quien ya he hablado en estos apuntes, era Preboste de Paris á mediados del siglo XIV. Un dia tuvo la idea (¡en mala hora la tuvo!) de vender la ciudad á los ingleses. Era el 1.º de Agosto de 1358, y por más señas que habia nubes. Así lo dice el Memorial. Para el Preboste de Paris estuvo realmente bien nublado. Pues nuestro buen Estéban Marcel se hace amo de las llaves de la ciudad, y á la media noche, toma el camino de la Bastilla de San Antonio. El Preboste creia que iba solo; pero se engañaba. Dos hombres le seguian. Estos dos hombres silenciosos, que avanzaban como dos sombras, eran los hermanos Juan y Simon Maillard.

—Estéban, ¿qué se hace por aquí á estas horas?

—Juan, ¿qué importa á nadie lo que yo hago? Atiendo á mi oficio de
Preboste de la ciudad.

—¡Voto á brios! exclamó Juan Maillard, que era su compadre; el diablo cargue conmigo, si estais aquí para nada que huela á bueno. Ved, añadió luego á varios hombres que se habian reunido; intenta vender la ciudad, y por eso tiene las llaves en la mano.

—¡Compadre Juan, miente usted!

—¡Usted es el que miente, compadre Estéban! Y si no, ahora lo verá usted; y acercándose al Preboste, levanta el hacha y le separa la cabeza del cuerpo. ¡Y eso que era compadre! ¿Qué hubiera hecho, á no mediar el compadrazgo?

Quinta. (Para el Sr. Alejandro Dumas.) El Memorial refiere que en el siglo XI, estaba Paris lleno de clérigos y de estudiantes, cuyos clérigos y estudiantes, en su mayoría, «vivian menos en el santuario de las artes y de las ciencias, que en medio de las riñas y de las bacanales de la calle de Fouare. Saqueaban las tabernas, violentaban á las mujeres, apaleaban á sus maridos con bastones ofensivos, y preferian la belleza de las muchachas á las bellezas de Ciceron.»

Sepa el Sr. Alejandro Dumas que los clérigos y los estudiantes de Paris, en el siglo XI, saqueaban las tabernas, violentaban á las mujeres, y apaleaban á sus maridos con bastones ofensivos. Sepa el Sr. Alejandro Dumas que Paris, en el siglo XI y bastante despues, era una horda, porque solamente en una horda pueden consentirse tamañas tropelías. Más valiera que el Sr. Dumas tuviese presente la historia de su pueblo, antes de hacer befa de una nacion leal y generosa, á quien paga con despropósitos, con calumnias y ridiculeces.

Sexta. (Para el mismo Sr. Dumas.) Bajo el reinado de San Luis, el jefe de los mercaderes tomó el célebre nombre de Preboste, y á contar de esta fecha, el Prebostazgo dejó de venderse á pública subasta, como acontecia en los tiempos anteriores. «De aquí resultaba, dice el Memorial, que los pobres no hallaban amparo contra los ricos, á causa de los muchos presentes que los ricos hacian á los Prebostes. El bajo pueblo no se atrevia á morar en las tierras del rey, y se iba en busca de otras prebostias y otros señoríos, por lo cual las tierras del rey estaban tan desiertas, que cuando el Preboste daba audiencia, no asistian á ellas arriba de diez ó de doce personas; pero en cambio, habia tantos malhechores y rateros dentro y fuera de la ciudad, que toda la comarca estaba llena.»