Los franceses tienen grandes títulos ante la opinion del mundo entero; podrán tenerlos todos, menos el de la lógica; esa suprema geometría del albedrío que va midiendo y nivelando progresivamente el ayer y el hoy, la historia y la emocion, la emocion y el hecho.
La Francia, empero, no debe quejarse: alguna parte flaca habia de tener, cuando tiene otras sobre las cuales se levanta tan grande, tan rica y tan fuerte.
Sólo en una cosa me parece lógico el pueblo francés: no voy á decir que sólo es lógico en ser voluble, porque esto ya se sabe. Una nacion, como un individuo, es siempre lógica; providencial y santamente lógica, en materia de no ahogar su genio; en tender dia y noche á que su genio triunfe. ¿Cómo el hombre dado al retiro no ha de buscar la soledad? ¿Cómo el goloso no ha de buscar el plato en que sueña? ¿Cómo un enamorado no ha de pensar en la mujer que ama?
La Francia es voluble, lo ha sido hasta hoy, porque la volubilidad es su talento; la cifra que Dios escribe al pié de cada cuna. Tal vez la educacion de la experiencia, un prodigio del estudio y del arte, modifique mañana ese talento y le abra otro camino; pero esto será la empresa de mañana, y yo no hago aquí la biografía de la Francia futura.
El pueblo francés es solamente lógico en aparentar que tiene olvidada á la Inglaterra. Ya he dicho que Paris es un cartel inmenso. Si al arbitrio particular quedara, el mercader parisien pondria anuncios de sus géneros hasta en la cabeza de un calvo. ¿Cuántas vidas serian necesarias para leer todos los rótulos y papeles impresos que bullen sin cesar por esta Babel? Sin embargo, (¡Providencia del patriotismo!) no he hallado un solo letrero en que se recomienden los artículos de la industria inglesa, de la primera industria del mundo conocido.
Esta sensatez en materia de consecuencia me maravilla, y me da motivo para decir que el pueblo francés es voluble, hasta el punto de contradecir su propio carácter.
Las enseñas mercantiles é industriales son para mí un objeto de gran distraccion.
Al zapato galante. (Au soulier galant):
A la Sílfide. ¿Quién no habia de creer que se trataba de algun baile? Pues no, la Sílfide es un restaurant, una Sílfide gastronómica, una Sílfide que se engulle cinco ó seis platos por cinco ó seis pesetas.
Al buen pastor. ¿Quién no habia de creer que se trataba de alguna hermandad ó cofradía? Pues tampoco: el buen pastor es un rico almacen de géneros, sito en la calle de San Sulpicio, núm. 21, si no yerra un anuncio que he visto cerca del Panteon.