¡Yo esperó de Paris el mejoramiento político y social! ¡Me arrepiento, señor! Ni el social, ni el político, ni el filosófico, ni el científico, ni el religioso, ni el artístico, ni el literario, ni el industrial, ni el comercial, ninguno, ninguno verdaderamente formulado, ninguno en la alta escala de la ciencia, del derecho y de la moral.

Encantarnos, entusiasmarnos, aturdimos, sí. Hacernos buenos y felices, no.

Hay un calderero, madre,
Que alarma á la vecindad,
Y toda la gente acude
A los porrazos que da.

Este antiguo cantar español viene de molde, en cierto modo, á las cosas de este fabuloso Paris. Es un gran caldero que aturde al mundo, y el mundo atribulado acude á los golpes.

[Ilustración: Arco del Triunfo.]

[Ilustración: La Magdalena.]

=Dia quinto=.

La Magdalena.

A las siete y media de la tarde tuvimos que pedir auxilio al fiacre, y nos dirigimos á la Magdalena. ¡Hermoso edificio! ¡Fábrica suntuosa! Al contemplar aquel enorme grupo, me parece que no estoy en Paris. Creo que me han hecho viajar estando dormido, y que despierto en Grecia. La Magdalena es un fastuoso palacio griego, no un templo cristiano. Un templo es la casa de Dios, destinado á despertar en nuestro espíritu la emocion religiosa. Donde no hallo la emocion religiosa, no hallo el templo, y la Magdalena, ese precioso y espléndido alcázar, no despierta en mi alma aquella emocion casi divina. Contemplándolo, siento el entusiasmo de la admiracion, no la veneracion de la fe: creo ver estátuas de héroes, no efigies de santos: me acuerdo de Alejandro, de César, de Anníbal; no me acuerdo de Dios: me ecuerdo de Chipre y de Vénus; no me acuerdo del monte Calvario, ni del Redentor, ni de la Vírgen, ni de la Magdalena: me acuerdo de la gloria; no me acuerdo de la Pasion.

La Magdalena es un magnífico anacronismo, un palacio asombroso y una mala basílica; un gran alcázar y una mala iglesia; un gran templo gentil y un mal templo cristiano.