El arte pagano tenia mujeres.

El arte cristiano tiene Marías y Magdalenas.

Bajo el arte asiátiaco y griego, cerramos los ojos y vemos bacanales.

Bajo el arte del Cristianismo, cerramos los ojos y vemos vírgenes.

La gentilidad nos abate; el Cristianismo nos enaltece. Segun la feliz expresion de Pascal, el paganismo nos trae, el Cristianismo nos lleva. El uno viene, el otro va.

Pues volviendo al edificio que tengo delante, nos alucina; no nos llama; pertenece al arte gentil, no al arte cristiano; es una especie de idolatría; no un culto; no una adoracion; tendré que decirlo otra vez: es un brillante anacronismo. El culto divino no hubiera perdido casi nada, si se hubiera llevado á cabo el pensamiento de Napoleon, que queria convertirlo en templo de la gloria. Como templo de la gloria, admirable; como templo cristiano, no habla á mi inteligencia y á mi fe, por más que me haga latir el corazon.

Ahí, en donde ahora se levanta ese precioso monumento ático, no existian, hace siete siglos, más que prados, pastores y ovejas, ¡Quién lo habia de decir entonces!

El edificio que contemplo sucedió á una iglesia, edificada el siglo XV por Cárlos VIII, en la cual este príncipe estableció la cofradía de la Magdalena, de donde trae orígen el nombre actual de ese monumento. Y la iglesia de Cárlos VIII, sucedió á una granja y capilla que en el siglo XII construyó un obispo de Paris, en donde los cristianos de aquel tiempo orarian indudablemente con más fervor, que los cristianos del siglo XIX oran en ese régio alcázar. En torno á la capilla y á la granja de aquel prelado, se fué formando un barrio populoso, conocido en la historia con el nombre de ciudad del Obispo, ville-l'Evèque.

Mucho despues, la ciudad del Obispo entró á formar parte de Paris, y habiéndose verificado la apertura de la calle Real, determinaron construir el actual templo de la Magdalena, enfrente del palacio de Borbon y de la plaza de Luis XV. Este monarca principió la obra, la cual, atravesando la Revolucion, el Imperio y la Restauracion, llegó á Luis Felipe, que la puso la última piedra.

Nos aproximamos un poco. La entrada es verdaderamente régia, gallarda, arrogante. El gran pórtico del Mediodía, que es el que vemos, está coronado por hermosos frontones triangulares, y adornado de un bajo relieve de 35 á 40 metros de anchura, sobre 7 ú 8 de altura, en el cual se ve á Santa Magdalena echada á los piés del Salvador, teniendo á su derecha la fe, la esperanza y la caridad, y á su izquierda, casi revueltos y confundidos, los siete pecados capitales. Así al lado derecho como al izquierdo, divisamos otras figuras. Las de la derecha deben ser bienaventurados, que guardan las tres virtudes teologales, y las de la izquierda parecen ser figuras de réprobos, imágen de los siete pecados.