Solo de un modo podriais ser más desgraciados que los habitantes de esta
Babilonia, que me aturde: teniéndoles envidia.
=Dia sétimo=.
Casa de Ciudad, arco del Triunfo, Obelisco.
Mis queridos lectores, ayer os he hablado de las Casas Consistoriales y del arco del Triunfo, y os debo algunas palabras sobre ambos monumentos, representantes de célebres y poderosas tradiciones políticas de este país. El palacio de la Ciudad es el representante de las tradiciones del Municipio; el arco de la Estrella es el representante capital de las tradiciones del Imperio; un gran trofeo representando una grande historia; un coloso representado por otro coloso.
A las cinco comimos en el restaurant del pasaje de los Panoramas; volvimos á casa á las cinco y media, dejo á mis compañera en el hotel, entretenida en escribir á sus amigas de Madrid y Valencia, salgo á la calle, vuelo á la plaza de la Bolsa, tomo un coche, y á las seis menos diez minutos me tiene situado delante de la casa de la Villa.
Apartemos ahora los ojos de ese edificio; volvamos con el pensamiento al siglo XIV, dejándonos atrás quinientos años, y en el lugar en donde ahora se levanta ese alcázar grandioso, hallarémos una pobre casa, llamada la casa de la Greve, ó la casa de los Pilares, aludiendo á los pontones de madera que sostenian su mezquina fachada, ó bien la casa de los Delfines (de los Príncipes), aludiendo sin duda á que aquel edificio habia pertenecido á los príncipes de Viennois.
[Ilustración: Casas Consistoriales.]
[Ilustración: Plaza de la Concordia.]
Dejemos ahora la humilde casa de los Pilares ó de la Greve, costeemos los bordes solitarios del Sena, y encontrarémos, casi fundada sobre las corrientes del rio, una morada más humilde aún. Esa morada oscura, ese castillo viejo y ruinoso, eso que parece más bien la barraca de unos pescadores, es el local de la Municipalidad de Paris: el locutorio de los paisanos ó del pueblo, le parloir aux bourgeois. La Municipalidad quiso entonces mejorar de vivienda, y resolvió comprar la casa de la Greve. En efecto, un preboste ó corregidor de los mercaderes, el famoso Estéban Marcel, á quien dedicarémos una página en la reseña histórica de Paris, compró la casa de los Pilares por la cantidad de 2.880 libras, en 7 de Julio de 1357, y á ella se trasladó el Ayuntamiento, ocupando el trono el rey Juan. Pasan doscientos años, la pobre casa de los Pilares no puede con el peso de los infinitos y memorables acontecimientos de que fué teatro durante dos siglos; aquella pobre casa amenaza ruina en el reinado de Francisco I, y el Cabildo de Paris, que habia dejado la barraca del Sena para ocupar la casa de los Delfines, concibe ahora el pensamiento de derribar la antigua casa de los Delfines, para levantar un palacio que corresponda á la importancia de la corporacion y de la ciudad. Llegó el 15 de Julio de 1533, y Pedro Viole, preboste de los mercaderes, seguido de los síndicos y regidores de la ciudad, puso solemnemente la primera piedra del futuro palacio, entre el clamoreo de las campanas de San Juan y de Santiago de la Giferia. El edificio se terminó en 1836; bajo Luis Felipe, que deberia llamarse en la historia el rey completador.
La vista de este alcázar deja en nuestro ánimo una impresion particular, en que influye, menos indudablemente el género de su arquitectura, que el carácter de su historia, el gusto, por decirlo así, de sus recuerdos, la arquitectura de su pasado, esa arquitectura que está más allá de la piedra que vemos.