¡Qué poco meditan sobre esto los legisladores que condenan al escritor, como se condena al malhechor ó al vago!

¡Ay! La tierra que pisa ese hombre, el palmo de tierra donde pone su planta, esa piedad que debe á la creacion, está mojada de su sudor y de su sangre. ¿Quereis que á eso se junte la argolla del presidio? ¿Tambien ha de comer la vitualla en el patio inmundo de una cárcel? El que está á su lado es un ratero, un traidor, tal vez un asesino; él es el misionero del alma, el apóstol de la verdad, el astro de la vida, el cáliz de la revelacion; un cáliz donde se custodia una chispa del pensamiento providencial que mide y gobierna el universo: el que está á su lado es un maldiciente, un perjuro, un espía; él es el sacerdocio del porvenir; un siglo grande que no cabe en su siglo; un pueblo muy grande que no cabe en su pueblo; la ley de los hombres que no cabe en la ley de un hombre; él es la victoria que se inmola para hacer bien al hijo de su propio sacrificador.

¡Ay! Pónganse los legisladores la mano sobre su conciencia; mediten un instante dentro del secreto de su corazon; miren por un momento esa cuna donde ahora dormitan sus hijos; esos hijos á quienes aman, esos hijos que serán hombres á su vez; esos hijos que en su dia serán padres; esos hijos á cuya descendencia no ha dado nadie un monton de cenizas para que sobre él deje caer la frente helada; esos hijos que son una cifra infinita en el cálculo de la Providencia: lean los legisladores en ese arcano por un momento, un momento más; no les pido más tiempo que el necesario para ver un cometa que aparece repentinamente en los aires: vuelvan los ojos á esas criaturas que ahora dormitan, esas criaturas que mañana se educarán, que mañana aprenderán moral y ciencia, que aprenderán de este modo á ser hombres en el libro del presidiario; esas criaturas que tarde ó temprano han de recibir el bautismo bajo la concha del escritor que come y vive con el asesino y con el espía.

¡Ay! Todo lo ha puesto en manos de una idea: vigilias, patrimonio, salud, amor, destino: tambien la libertad; es un preso: tambien la honra; es un infame.

¡Ay! Si un hijo del legislador, uno de esos hijos que ahora duermen bajo la leve gasa que cubre su semblante; si ese niño llega á ser un hombre de sabiduría, de lealtad, de abnegacion; si llegase á ser el propagador de una verdad mayor que su siglo, el conductor de un fluido para el que la vida de hoy no tiene tubo ni alambique; si debiese al destino el don soberano de tener genio; es decir, el don de una virtud suprema, porque no hay genio sin virtud, no hay genio deshonrado, no hay genio infame, porque no existe el talento de picar, porque la víbora no tiene talento: si en el testamento de la predestinacion universal, recibiera ese niño aquella manda gloriosa y divina ¿qué diria el legislador, qué diria el padre, cuando supiera que su hijo comia la vitualla del presidio con el espía, con el asesino, con el traidor, con el ratero?

¡Ay! Pongan una mano sobre los latidos de su corazon, y que respondan una vez: ¿es eso justo?

Todo lo dan: ¿han de dar hasta la honra, como la madre que falta de alimento, da al hijo sus lágrimas?

¿Pero por qué hay hombres que propagan ideas mayores que su siglo ó su pueblo?

¡Escrúpulo curioso en verdad! ¿Por qué hay rayos que purgan la atmósfera? ¿Por qué hay volcanes que purgan la tierra? ¿Por qué hay torrentes que se precipitan y corren cubiertos de espuma? ¿Por qué hay tubos que conducen el fluido eléctrico? ¿Por qué hay chispa eléctrica? ¿Qué me decis á mí de todo eso? ¡Preguntádselo á Dios!

No es nuestra ciencia; es una ciencia mucho más alta. Propiamente hablando, es la ciencia.