—¡Gracias! ¡gracias! contestó mi mujer precipitadamente, como si temiera ver un papel de aguas inglesas con 27 francos en medio.
Mi compañera tomó manteca y una fruta del tiempo; yo tomé tres porciones de fruta, dos que tocaban á mi cubierto, y una que me tocaba á mí por no tomar sorbete.
Mi mujer tomó el suyo, pagamos y nos salimos á la calle, y cualquiera hubiera conocido en nuestras caras que estábamos de mejor humor. Pero aquello era caro para la comida normal, y proseguimos nuestras excursiones.
Despues de mucho discurrir al azar, oliendo donde se guisa, atravesamos una de las galerías del Palacio Real, y en un bazar de porcelana hemos visto un juego de platos, que perteneció á Luis Felipe.
Acerca de la autenticidad no hay duda alguna, puesto que los platos son de lo mejor que se hace en la famosa fábrica de Sevres, y tiene en el fondo la corona y nombre de Luis Felipe. Esto nos induce á dar crédito á la señora del almacen de los Panoramas, sobre el baston de Richelieu, puesto que lógico parece que descuide el baston del cardenal, quien descuida la vajilla de un rey. Se conoce que la nobleza francesa tiene poco gusto tradicional; lo cual quiere decir poco gusto de si misma, poca conciencia de su ejecutoria, poca sensatez. ¿Cómo seria posible que un lord consintiese que decorara el escaparate de un mercader, una vajilla que hubiese servido en la mesa de uno de sus monarcas?
La Francia, siendo inmensamente más grande que la Gran Bretaña por la ley de la naturaleza, no debe entrar en lucha con el pueblo inglés: tiene una desventaja capitalísima; es menos lógica, como ya he dicho, y la lógica es un poder inmenso; sino inmenso, es un formidable poder: La Francia lo tiene; pero la Inglaterra lo tiene mayor. Francia tiene uno; el del país, el poder social. En el Reino Unido hay un millon de lores y de hombres de gobierno ó de empresa: hé aquí un millon de poderes; el privilegio portentoso de una casta política, la cual, pordioseando por todo el mundo conocido, hace que todo el mundo conocido la pida limosna.
La Inglaterra es la especialidad más rara que se ha verificado en la historia, el fenómeno más curioso de estos tiempos fenomenales. Caerá sin duda, caerá mañana, porque hoy representa lo que representaba el mundo que cayó, el mundo que no pudo menos de caer, que caerá siempre y en todas partes que tenga creaciones análogas; que tenga ídolos sociales que adorar. La casta antigua le llamó mago, por ejemplo; el mago inglés se llama cañon, pólvora, buque, lord, renta, capital; pero de cualquier modo es la antigua casta, el mago persa ó el brahman indio.
Esto caerá, como cayó aquello, reproduciendo las sublimes palabras de Víctor Hugo.
La Inglaterra caerá; pero no caerá sino como cae una masa enorme: caerá como cayó el templo de Belo, como cayó el coloso de Rodas, como cayó el Partenon de Grecia, ó el Capitolio de Italia, como caerán las Pirámides de Egipto; como caen los milagros del hombre.
Comimos en el pequeño restaurant de Lóndres, cerca de la fuente de Molière. Á más de lo que ofrecen por franco y medio, pedí un pichon, el cual me ha costado 9 reales. Advierta el lector que hay pichones por 14 sueldos. Me han llevado 31 por aderezarlo, algo más del 200 por 100. Vaya esta especie AL PARIS MORAL. Mi mujer dice que no volverá más, lo cual quiere decir que no volverémos los dos.