Bronco de su campana formidable;
Ó en mis haciendas penetrando acaso
Osado criminal, ha puesto fuego
Á las extensas eras? ¿Por qué gime
Así importuna esa mujer?—
Yo inclino
La frente al suelo y contristada exclamo
Con el Mártir del Gólgota... Perdónales,
Señor, porque no saben lo que dicen;
Mas ¡oh, Señor! Á consentir no vuelvas