Fué cielo de su espíritu, fué sueño de sus sueños,

Y vida de su vida, y aliento de su aliento;

Y fué, desde que rota cayó la venda al suelo,

Algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.

De la vida en la lucha perenne y fatigosa

Siempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;

Que no ha de tener término sino cuando, cerrados,

Ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.

***

—Te amo... ¿por qué me odias?