Te ocultabas, ¡cruel!, á mis ojos...
Mas mis ojos te veían.
Con cerrojos cerraste la puerta,
Pero yo penetré en tu aposento,
Á través de las gruesas paredes,
Cual penetran los espectros;
Porque no hay para el alma cerrojos,
Ángel de mis pensamientos.
Codicioso admiré tu hermosura,
Y al sorprender los misterios