Que á mis ojos velabas..., ¡perdóname!,
Te estreché contra mi seno.
Mas... me ahogaba el aroma purísimo
Que exhalabas de tu pecho,
Y hube de soltar mi presa
Lleno de remordimiento.
—
Te seguiré adonde vayas,
Aunque te vayas muy lejos,
Y en vano echarás cerrojos