Mas, embriagados de soberbia, buscan
Un ídolo ó una víctima á quien hieran.
Brutales son sus iras,
Y aún quizás más brutales sus amores;
No provoquéis al monstruo de cien brazos,
Como la ciega tempestad terrible,
Ya ardiente os ame ó fríamente os odie.
***
Cuando sopla el Norte duro
Y arde en el hogar el fuego,