Donde se forman siempre los miasmas infectos.
—¿Qué has dicho de amargura y cieno y desencanto?
¡Ah!, no pronuncies frases, mi bien, que no comprendo;
Dime sólo en qué piensas cuando de mí te apartas
Y huyendo de los hombres vas buscando el silencio.
—Pienso en cosas tan tristes á veces y tan negras,
Y en otras tan extrañas y tan hermosas pienso,
Que... no las sabrás nunca, porque lo que se ignora
No nos daña si es malo, ni perturba si es bueno.
Yo te lo digo, niña, á quien de veras amo;