Puro aliento en la tierra y en el cielo.
Soplo mortal creyérase que había
Dejado el mundo sin piedad desierto,
Convirtiendo en sepulcro á Compostela.
Que en la santa ciudad, grave y vetusta
No hay rumores que turben importunos
La paz ansiada en la apacible siesta.
II
—¡Cementerio de vivos!...—murmuraba
Yo al cruzar por las plazas silenciosas,