Después la catedral..., palacio místico

De atrevidas románicas arcadas,

Y con su Gloria de bellezas llena.

Me pareció al mirarla que quería

Sobre mi frente desplomar, ya en ruinas,

De sus torres la mole gigantesca.

Volví entonces el rostro, estremecida,

Hacia donde atrevida se destaca

Del Cebedeo la celeste imagen,

Como el alma del mártir, blanca y bella,