Siempre vacía y misteriosa siempre,
Con sus manchas de sombra gigantescas
Y sus claros de luz, que hacen más triste
Su soledad, y que los ojos hieren.
Y en tanto... la llovizna, como todo
Lo manso, terca, sin cesar regaba
Campos y plazas, calles y conventos
Que iluminaba el sol con rayo oblicuo
Á través de los húmedos vapores,
Blanquecinos á veces, otras negros.